lunes, 23 de agosto de 2010

Entre la sabiduría y el radicalismo.(Segunda parte)

Entre la sabiduría y el radicalismo.

Opinión

(segunda parte)

Estaba preparando la primera parte de este artículo, basado en  nuestras elecciones personales de vida, y andando entre pensamientos de los pro y los contra del radicalismo y la sabiduría  comencé a cuestionarme en qué  aspectos de nuestras vidas estas elecciones nos benefician o desfavorecen, a nosotros mismos y a quienes nos rodean, y entre esas  cuestiones estaba  la relación entre la lealtad y el radicalismo.
Siento que ser leal a estas elecciones e ideales no debe implicar seguir ciegamente y sin cuestionarnos todo lo que esa elección primaria nos plantee, creo que eso implicaría una traición a la inteligencia humana. Primero debemos ser leales con  nuestra integridad, analizar  las consecuencias de los actos sobre nuestras vidas y las de las personas  afectadas por nuestras decisiones. Aunque eso implique el cambio de nuestra  elección primaria quizá llegue a ser la más sabia de todas las elecciones, siempre y cuando este cambio involucre nuestro crecimiento.

El crecimiento es algo imprescindible tanto en las personas como en la sociedad. Personas o sociedades estancadas se empobrecen y desaparecen.El crecimiento no siempre es lo que entendemos por progreso, crecer es caminar hacia la vida, la excelencia y la paz.  Claro que algunos no quieren ser mejores por ellos mismos, detestan a quienes se destacan de alguna forma porque les hacen sombra a su " crecimiento". Si analizamos la historia, veremos muchos ejemplos sucedidos a personas, sociedades y naciones que no han entendido que todos podemos crecer juntos cooperando y sin competir desmedidamente. 

Cuando un niño que se torna en adulto,  va sufriendo transformaciones externas e internas, y  ese crecimiento implica ir dejando de lado sus deseos e instintos primarios. Aprende de sus mayores los valores morales para comportarse en sociedad, pero tantas otras veces no aprende a dejar de lado ciertos comportamientos instintivos o no adquiere los valores espirituales que lo alejen de ellos. Uno de esos comportamientos o sentimientos negativos es la  envidia y otro la arrogancia de los que ostentan la sabiduría.  Pareciera ser que últimamente  hasta se congregan en  grupos de  redes sociales para arengar por sus derechos mientras ignoran los de los demás.

Aparte, no todo lo "excelso y perfecto" es lo que le gusta a la gente, porque la gente es simple y necesita que le transmitan con palabras simples los sentimientos, pensamientos y relatos de la vida o de la imaginación. Porque el arte es es algo que trasciende a nosotros mismos, y para que llegue al corazón ajeno tiene que tener esa magia que no se aprende, sino que se obtiene de  alguna manera y  sin razón. Esa es la magia del triunfo, el soltar alas y volar por encima de todo.No todos tienen "alas", es un don de pocos, pero no por eso malo. No todos hemos venido a este mundo a ser número uno, cada uno aporta lo que tiene para que todos nos desarrollemos, pero es responsabilidad de cada uno el crecimiento personal.

Sabido es que la excelencia se adquiere con trabajo y tiempo. Está muy emparentada con la perseverancia y seguramente la apadrinan la libertad  y el  respeto. Dejemos entonces crecer a los demás mientras nosotros crecemos, porque en definitiva lo más importante  es alcanzar una vida social  en paz. Esa sería una elección simple y sabia que podría favorecer a todos. 

Cultivemos sobre  lo positivo, aprendamos de la vida a vivir y no nos dediquemos a coleccionar títulos. Pero si los tenemos, que cada uno sea un impulso para comparitr lo que hemos aprendido de lo bueno y malo de la vida y sigamos aprendiendo unos de los otros para que nuestra sociedad tenga valores  en camino  hacia la excelencia de los individuos. Apuntando a ser mejores personas cada díatendremos una sociedad más sabia porque  que al fin y al cabo es lo que realmente importa. Lo demás vendrá por añadidura.

Sandra Gutiérrez Alvez


Este post , como el anterior también fueron publicados en mi blog  El laberinto del Unicornio



1 comentario:

  1. totalmente de acuerdo contigo...
    permíteme añadir que ser el número Uno no tendría ningún sentido si no existiesen el Dos, Tres y sucesivos...

    abrazos Sandra :)

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yo te traigo las historias, tú saca tus propias conclusiones...